La página que no es de papel.

Un refugio que no pretende ser un lugar; solo palabras, puntos y algunas comas (las necesarias).

Un mundo sin atmósfera pero con nubes; sin cielo pero con luna, donde no existe el tiempo.

Un experimento de cosas ya descubiertas.

Una linda contradicción.

domingo, 26 de julio de 2015

delfos.



Se atrapa a sí mismo
En redes que intenta no tejer
Es un personaje de ficción
Del peor escritor de la historia
Que describe cuando la marea llega
Y borra cuando ella se va… con el codo, con el pie…
Borra… lee… la pitonisa
Sin prisa pero con violencia
Sin magia pero con paciencia;
Todos vamos a morir
La joda es cuando.

Espera reflejos empostrados en espejos con delay
Y borra presentes cuando ellos se van…
Borra… que lee… la pitonisa
El destino está escrito con cenizas
De la erupción de un volcán
Que nunca asomo a la superficie
Por timidez.

El rito,
Empieza con el grito.

Y enfrío el ego
Sé que tuve mil oportunidades más que Odiseo
De llegar a la costa, de decir “si”
Y quebrar en mil pedazos una herida ya rota
En una cicatriz.

Un café que no termina y un futuro en el resto de su saliva
Una lagrima de chocolate,
Una fotocopia del libro de lo correcto…
Que es mucho más que lo que tenemos, quienes no somos de papel.

que importa el medio
si el fin, al fin comienza.

Espera el futuro
Y borrando pasados.
Borra…  lee… la pitonisa
El destino es la premisa
De los que observan relojes
Impacientes de conocer el spoiler
Que les sacará la gracia.


Todos podemos empezar a vivir

La joda es cuando. 




La ciudad con nombre de delfín, fue clara en su momento.
Y aún espera, a quién se tome sus palabras enserio;
quizás si eso sucede, ya no sea necesario el tiempo. 

sábado, 25 de julio de 2015

en un ranchito...



“No me des pelota”, le dijo sin un gramo de excitación el blondo catrasca al gordito que tomaba una cerveza de su petaca. Era simple el por qué: ya no sentía amor. La vida había perdido su magia, convirtiéndose en un despelote transitorio de malabares cósmicos, perdida en una galaxia…perdida en un universo… perdida en la danza de lo eterno e inconmensurable; solamente en sintonía con un cachivache inmarcesible del hecatombe, bolacero y vertiginoso. “Sos un chamuyero…”, le retrucó el poligrillo con cierta finura. Aunque derrotado, no dejaba de tener su encanto palurdo. Había empatía entre los dos: como una oración bimembre sujeta con fuerza a su predicado, como un troche y un moche. Con los pies en el agua tibia de la palangana, y el resto del cuerpo depositado sobre el colchón, así estaba el paparulo en plena fiaca…. el amanecer que se comenzaba a proyectar no podía ser menos romántico; hasta el gallo que a veces merodeaba había dejado pendiente su curucucu. Los nogales por la ventana eran los únicos que se esforzaban en darle a la escena algo de dignidad, de color y aroma. La verja de aquel ranchito perdido en la nada de una provincia olvidada por los geógrafos hacedores de mapas (por suerte, no por el sol), se movía hacia adelante y atrás según los caprichos de un viento que cada tanto hacía una visita; el único burlete que sostenía la puerta había dejado vencerse por el tiempo.

Una sombra se acercó hasta allí, y trajo un ser humano consigo. Tenía pinta cosmopolita. Aplaudió para hacer notar su presencia. Parecía sacado de un cuento fantástico de niños, un extravagante vendedor de habichuelas mágicas y otras patrañas, que en ciudades más civilizadas podría pasar tranquilamente por un pordiosero. De todas formas, había que ser cojonudo para mandarse a esos lares solo. Volvió a llamar, casi gritando con voz de cascarrabias: “E´ameo´, ¿tajai?”, sintiendo cosquillas en la garganta (no había tomado el jarabe antes de dormir, y eso que se lo había recomendado su alquimista personal). Conocía el despropósito de aquella misión, pero no tenía otra alternativa. Se acomodó el zoquete para que no le raspara con las zapas. Al agacharse se le escapó un pedo medio pestilente. El rubio salió caminando chueco, sacándose un moco y haciéndose el simpático, el viento le dio una caricia mientras el día se ponía espléndido y bizarro. ¿Quién era ese transeúnte? ¿Qué quería aquel con bonita cara de sátrapa y nariz roja como una cereza? Desde un principio desconfió. “Bonjour”, dijo el extraño disfrazado en su anonimato. El dueño de casa, con su porongo de mate en la mano, le habló “Daaaaaalee… dejate de joder, ¿qué macana te mandaste para venir acá, a la loma de la toronja?”. Vista de arriba, cenital, la casa era un panóptico: un centro desde donde podían chequearse todas las direcciones.  

El extraño caminó hacia adentro. Al traspasar el umbral notó, la luz ecléctica, lisérgica y fosforescente de un tubo hecho popo por lo corrosivo del metal.  El gordito medio dormido le pareció macanudo por la pseudo sonrisa medio chingada que tenía. Se escuchó el plop de una gota que resbaló de una canilla cercana.  Arremeter contra esta dupla, quizás, no había sido buena idea… “Fuck! Casi lo olvido… les traje un suvenir…”. El extraño dejó un suculento pirulin sobre la mesa. Un michifuz le paso por al lado y se alejó vehemente. “Interesante…”, dijo el gordito con los ojos cerrados, y luego volvió a dormirse (al segundo), roncando como un trombón. “No vengo a traerles una ilusión, un pompón de inconmensurable deseo…. Sino el elixir de… lo épico… overwhelming tremebundo, mindful! (y otras palabras en inglés que tampoco entendieron)” Como un titiritero, comenzó a girar una manivela oculta en el paralelepípedo de su pantalón, sin que lo vean, y también sin que eso suceda, se rasco yeyuno el choto… más precisamente el escroto. Sonó en la habitación una música re power. Al mismo tiempo sacó de su valija una escafandra y se la puso, se ajustó el pituto para que no se le caiga (claramente). “bueno…” dijo el mequetrefe con un hiato de melancolía por tiempos mejores y se puso a calcar situaciones donde tuvo algo de suerte. Tenía el tatuaje de un escolapio en el brazo (sería hijo de Hermes o una especie de médico, o nada de eso?). Explotó un sonido telúrico y supercalifragilisticoespialidoso “spraw!” tremendo. “¡Changos!” grito el gordito al despertarse de un sueño inconmensurable donde era un choripan virulento enamorado de un sacapuntas marrano que tenía un problema de identidad al creerse un Kartoffelpuffer: así como se lee: la hipérbole en lo normal del chorispapear sin asados de por medio.  Pero… stop! Volvamos al tororoche que ocurre antes de que nos sorprenda el ocaso y el sarcófago de la luz nos oculte del ver (dice el narrador que… soy yo):


El zafarrancho no los deslumbró, aun con toda su flagrancia trillada. Aunque era ignorante de cosas fundamentales para la vida, el blondo sabía sobrevivir con creces en el mundo hostil. Aunque aquel paparulo no había dado ni un par de besos hace años, ni había dándole algún goce a su puchila con alguna cucusita en un acto de pasión voluble (o hasta imaginario… al menos… ponele…) generando de esa manera un genial uso de desmesura a lo mesurable (aún proponiendo algo de controversia…) dejo correr en polainas por un fino boulevard a esa cosa… que mas que cosa era una charada barbitúrica. El bodoque con forma de hombre siguió su discurso tan excitado como una pandereta en pleno recital; sus palabras eran tan divertidas que parecían carcajadas. Pero cuando el significante chirimbolo finalizó, cuando el cocoliche horondo llegó al máximo de la torloncha soportable por la melcocha serendipia… el gordito y el blondo preguntaron al unísono consuetudinario: “¿Posta?.... jajajaja Zoporopoteame”.  Uno escupió la tutuca que mascaba con chanfle hasta el calato, el otro tragó el chizito que venía saboreando. Se pararon para aplicarle al extraño una escaramuza ejemplar y mandarlo de culipantin a donde pertenecía aquel cachalote propio de otro estanque (y de esa manera resarcir el karma). La patada que le dieron a lo aprokose lo alcanzó a la salida… diplomáticamente. Se limpió el polvo de su traje. Respiró profundo y se encaminó a probar suerte al siguiente pueblo, a 58 kilómetros del lugar, cual un turucuto que no pierde las esperanzas aunque las vea morir de frente. 


viernes, 24 de julio de 2015

dioses de fuego y brevedad.



Este no es el final
Es el principio del todo.
No hay adiós
Hay dioses ardiendo en el deseo

De crear,
de quemar el aire
para dar color y distorsión
a lo que ya es viejo. 

miércoles, 22 de julio de 2015

leyendas sobre dioses, alquimia y un haiku escondido.



Alguien me dijo una vez
Que dios nos invento
Para que soñemos sus sueños,

Que las sílabas
Dispuestas de tal forma
Formaban haikus,

Que los magos existen,
Y son tan buenos en lo suyo
Que los simples mortales logran descubrirlos,

Que los mitos son verdades
Y que los seres racionales
Eran un mito que se creyó a sí mismo y se convirtió realidad,

Que el arte existió antes que el hombre,
Que la filosofía lo obligó a pensar
A punta de neurona, a fuerza cascadezca de materia gris.

Que las verdaderas alquimistas son las abejas;
ellas inventan algo más importante que el oro o la miel:
La vida;
la crean del fruto del árbol que nadie ve
porque todos miran hipnotizados al bosquespejismo.




Y el mercurio solo lo usan para medir la fiebre… 

lunes, 20 de julio de 2015

paranoia en imágenes: nada es lo que es en un mundo que se construye a cada recuerdo olvidado.



HISTORIA TEXTUAL: 

Me desperté por el ruido. Es de mañana. Los hombres siguen ahí, los veo desde la ventana lateral... hacen que trabajan, pero yo sé la verdad. Quieren atraparme, jugar al juego de la normalidad a los ojos del mundo, a plena luz del día, haciéndoles creer a todos que el loco era yo. No caeré en la trampa... pero el teléfono no funciona y no puedo llamar a los otros para alertarlos, para pedir ayuda. Recuerdo que ayer a la noche, sobre la avenida llegaron a anticiparme algo, pero el ruido y la velocidad.... Estoy frente a un precipicio: puedo saltar o dejarme arrastrar hacia atrás... dejarme atar... hoy es mi cumpleaños y ellos lo saben; su juego es perfecto. 

Un perro los acompaña. Le lanzo un freesbee desde la ventana, escondiéndome, y este lo corre. Los hombres se distraen, persiguen al can. Eso me da unos minutos. Mientras salgo por la puerta trasera pienso: tengo la opción de tomar un avión y salir del país... pero sería muy fácil ser rastreado. Quizás tomar un colectivo desde la terminal e ir a la casa de los tíos en la provincia: probablemente no están... pero... ¿si sí? debería mandarles un telegrama avisándoles de mi pronto arribo: es una buena opción. Compro unas provisiones para el camino, va a ser un día largo y no puedo darme el lujo de detenerme. También le aviso a los chicos de la productora y el programa que voy a faltar: gastroenteritis. Es mejor que no sospechen nada para no involucrarlos en esto, además mi asistente de escenografía ya está preparado para hacerse cargo de todo. 

El viaje es rápido, recuerdo el camino desde la infancia... cada árbol, cada nube. Que suerte que nunca asfaltaron las calles, sino el tránsito sería caótico. Llego corriendo desde la terminal hasta la casa. El corazón me palpita más fuerte que nunca, quiere salir de mi pecho y volar hasta el techo. Pero respiro, estoy a salvo, al menos por el momento, como una manada de pandas que despiertan al mundo sin humanos cerca, puedo estar tranquilo. Un puente gigante me separa de la situación de hace unas horas: puedo verlos venir, mi lugar es estratégico. Cae la noche. Lo único que dejaron mis tíos en el freezer es una langosta... deben estar de vacaciones por Europa. Me pregunto si existe Dios... si además de ser una palabra, un grafitti, una iglesia, es ... también real, y en el caso de que eso sea posible... para qué lado jugará...cuán alto tiene que llegar un corazón para ser digno de su elección? Encuentro una cerveza en una alacena, está caliente, pero el alcohol calma mi ansiedad. Hay un piquete en mi voluntad; por mis venas corre fuego y de mi nariz sale humo. Supongo que esto es vivir al límite. La noche es cada vez más oscura, y salgo a recorrer, con cautela las calles del pueblo, pero hace frío y vuelvo. Necesito encontrar algo que me calme: discos... los viejos discos de la familia, transportarme a una infancia feliz: al ruido del mar, al sabor de la sangre de una lastimadura, al aroma de mandarinas frescas... pero este mundo se volvió muy empaquetado, consumidor de sí mismo, no queda lugar para los detalles, lo natural, las cáscaras... quizás realmente estemos perdidos... 

Qué paso? me quedé dormido? ya es de día. Un caballo entra a la casa. ¿será de mis perseguidores? no... tiene que ser de los vecinos, ellos eran criadores... si mal no recuerdo... ¿o a caso seguiré en un sueño? Prendo la televisión, no hay noticias sobre mí, sobre el suceso o sobre los hombres... Necesito comer algo, lo que sea. Compro algo en el único local abierto a esa hora. No es la mañana, es medio día pasado, quizás las 2 y media. Comida para extranjero... es lo que hay. Tengo flashes... tengo recuerdos... tengo que focalizar mi mente y mi memoria para que trabajen en conjunto... la noche anterior... los hombres acercándose por una calle estrecha: solo recuerdo el sonido de sus pasos y sus sombras, cada vez más cerca. La luz... no me los deja ver. Justo me había llegado la señal... justo había escuchado sonar al celular... pero todo fue tan rápido... Todavía tiene batería, y conserva el mensaje: ..."pollos"... era la contraseñ... ¡El farol! ese era el punto de encuentro, ahora lo recuerdo. Esperar en el farol a que salga de la boca del subte el contacto. Pero había tanta gente. ¿Y si no lo reconocí? ¿Y si todo fue una trampa desde el principio? Entre la vorágine de personas, ruidos e imágenes escuche al gato, maulló como advirtiéndome de algo, luego se fue corriendo (¿por qué corrió?). Corrió hacia el norte, hacia un asiento... y... levante la vista. Había un hombre. Esperando. Haciendo como si nada pasara. Mirando hacia otro lado... Era él. Ahora estoy seguro. Él era el contacto, pero no llegue a pasarle la clave...

Sentí un golpe, como mil litros de agua desbocada, como una cascada en la nuca y volví a abrir los ojos en un cuarto oscuro en el que nunca había estado. Escuche voces. Estoy inmerso en un juego, ahora lo veo más claro. La clave para salir está en mi cabeza, escondida en mi pensamiento, solo tengo que recordar... y las palabras se ordenaran, y los recuerdos me sacarán de acá, de esta trampa. Solo tengo que trepar... hacia arriba y ver desde otra perspectiva: desde la copa del árbol podré verlos llegar y anticipar los movimientos. El momento de actuar es ahora, tengo que despabilarme, tomar un cafe y no caer en la resignación, encerrado en un castillo como un felino aburguesado que ya no quiere movimientos. Es fácil dejarse caer ahora, por eso tengo que invertir el doble de mi fuerza. 

Lo recuerdo! la clave era la numeración del mismo ticket: el ganador. Era cobrar el dinero... pero también era la contraseña para la cuenta en Suiza, los Alpes... el premio mayor: el tesoro de aquellos hombres! Recuerdo el itinerario: Llegar a Amsterdam y parecer un simple turista. Moverme en bicicleta, dejarme ver... Luego alquilar un auto que no llamase la atención (al menos no demasiado) y llegar hasta las praderas de pasto.Caminar un día hasta Italia...Hasta la loma del... hasta la calle del Orti. Ort... en alemán es lugar! Era el lugar! Encontrar las palmeras. Ubicar con la laptop por geolocalización el punto preciso... exacto... y mandar el mail... para encontrar al nuevo contacto. Mi función era ser el pasamanos. Mi pequeña fortuna ya estaría acreditada en el banco. Pasarle el ticket a la persona y volver... pero... nada de eso sucedió...
Al volverme frustrado en el subte... recuerdo al tipo del bandoneón..."Sólo el amor salvará al mundo..:" repetía constantemente y el tipo que dormía, no dormía en realidad. Era uno de ellos. ¡¡¡Mierda, era uno de ellos!!! ¿Cómo no me di cuenta? Llegue a casa y me puse a leer mientras tomaba un café. Alguien toco a mi puerta... mi vecino. Me pidió ayuda con su computadora, fui a su depto y me ofreció de tomar algo... raro... había bebidas sobre la barra. Elegí un trago amarillo. No recuerdo nada, solo flashes, de luces, de velocidad. Estaba dentro de una nave...? Una abducción? Son "personas mis perseguidores"? uno tenía barba... no eran aliens... me hablaba de la "gran revolución" y de las estrellas... tenía una en su frente. De como el mundo debía ser dominado tarde o temprano, no importaba cuantos tiempos o "turnos" hagan falta. El azar hacía lo suyo... pero... ¿qué tengo que ver en todo esto?  Estaban "dichosos" de verme, por momentos me hacían sentir alguien superior. Me miraban con detalle. Y yo comencé a hacer lo mismo y... descubrí...(dios!) que eran máquinas! su piel era metal. todo era real! Me llevaron hasta una especie de cementerio donde yacían y descansaban otros humanos, quizás para infundirme respeto, o mostrarme un detalle que les impregnaría cierto grado de humanidad. Ellos también creían en deidades. 

Y me mostraron el arma, el misil con el cual atacarían la tierra. Después... caí rendido, quizás por alguna droga que  tuviese la comida que me dieron. Desperté en el subte, estaba en movimiento, no se desde cuando. Mareado, salí hasta la superficie, había una plaza. Mire el cielo, intenté recordar nuevamente... el mundo! el mundo entero apareció en mi mente... los sucesos recientes... el plan anterior... la clave no era un número para una cuenta... ni dinero... ni fortunas, era un código para detener el futuro: un mensaje encriptado en números. La melodía que haría calmar a las bestias...recordé el tema de Fito Paez..."el mundo cabe en una canción". 

Había algo en mis bolsillos, unas llaves... en vez de un conejo blanco, había un gato..."el gato que me advirtió durante el primer contacto" pensé ... quizás... me habría querido avisar sobre esto? jugaba algún papel en esta trama? Oscurecía. Caminé hasta la costa y note algo extraño... un auto fuera de esta época. Probé suerte con las llaves: la puerta abrió y el motor encendió. En el asiento del acompañante... tirados...dejaron un boleto de tren y un muñequito maniatado: no había duda, habían atrapado al otro contacto. Y me "sugerían" que vaya a rescatarlo. Era como dirigirse a las fauces del león y escarbar sus colmillos. Pero no tenía alternativa, debía descubrirlo todo, atar los cabos. Era la única persona que podía llegar hasta el otro miembro. Si retrocedía, todo terminaba. Fui hasta la estación, tome el tren del boleto y viaje hasta el otro extremo de la ciudad... la suerte estaba echada, solo quedaba ver... ser testigo presencial de los acontecimientos que estaban por sucederse. Caminé por la avenida, la gente paseaba como si el fin del mundo no estuviese tocando las puertas del cielo. Entre al edificio, subí las escaleras, atravesé la luz del ventanal pensando que quizás esa era la última vez que los rayos del sol me alcanzaran a tocar. Toqué la puerta... esta se abrió sola. Crucé el umbral hacia lo desconocido. Todo comenzó a dar vueltas... como una calecita, como la infancia, como el caballo de la mañana corriendo desbocado por la habitación; terminando y empezando, el fin se ataba con el principio.... 

... .....

...Me despierto por el ruido. Es de mañana. Los hombres siguen ahí, los veo desde la ventana lateral... hacen que trabajan, pero yo sé la verdad.  Tranquilo... ¿qué día es hoy? recuerdo este lugar... un gato... un contacto... un caballo... un misil... el mundo. No hay tiempo, quieren atraparme. Lanzo un freesbee y el perro lo corre. Los distrae por un momento. No hay tiempo, tengo que salir. Iré recordando en el camino... espero... recordar... en el camino. 



HISTORIA VISUAL: 

 






















fin?